• Los aperitivos de mycuriosEATy * I

    Una mesa puesta pionera

    ¿Sabéis cuándo se publicó la primera foto de un bodegón en Instagram? No sería mucho tiempo después del lanzamiento de la propia red social. La verdad es que no he buscado la fecha exacta, pero que fue hace menos de 10 años, eso está claro. A lo que voy es que es una de las redes sociales más queridas para subir fotos gastronómicas, bodegones contemporáneos, o cualquier foto que tenga que ver con comida. Pero, ¿cuándo creéis que vio la luz, nunca mejor dicho, la primera imagen fotografiada de un bodegón? Hace unos cuantos años más, sin duda.

    Poco tiempo después de que el inventor francés Nicéphore Niépce consiguiese fijar en 1827 las vistas desde una ventana de su casa, él mismo también plasmó esta mesa con un nuevo medio, con cámara oscura. Hizo la famosa foto de su ´Table servie´ hace ya casi 200 años, la friolera de dos siglos.

    Una mesa puesta – Nicéphore Niépce. Physautotype, 1932. Musée Nicéphore Niépce, Chalon-sur-Saône

    Además de novedosa, parece que fue una foto envuelta en buen aroma, y no estoy hablando del que pudiese desprender el pedazo de pan que puso sobre la mesa. ¿Os imagináis hoy en día hacer una fotografía con destilado de lavanda? Es justamente lo que el francés utilizó en su momento para grabar la imagen de su mesa sobre la placa de cristal.

    Como prueba de lo importante que fue esta foto en la historia de la fotografía, a principios de este siglo se intentó reproducir el método que el propio Niépce utilizó para su bodegón. Con esencia de lavanda y un tiempo de espera de 4(!) horas, volvió a verse una imagen como la que se creó hace dos siglos. Una nueva copia de la mesa con mantel blanco, que todavía hoy invita a sentarse a ella y servirse una copita de vino.

  • Vegetarianos, veganos y un bodegón de caza

    El pasado mes de noviembre varios estudiantes en la Universidad de Cambridge solicitaron la retirada de un cuadro que presidía temporalmente uno de los comedores. Este cuadro en cuestión representa un bodegón de caza del siglo XVII y la imagen, cargada de animales, quitaba el apetito de los estudiantes no carnívoros. Es un acontecimiento que ha generado mucho revuelo y, a mí en concreto, muchas dudas. Respuestas, de momento no tantas, pero preguntas, unas cuantas. 

    La obra, cedida por el Museo Fitzwilliam, institución perteneciente a la propia universidad, presidía uno de sus comedores. En ella se pueden ver una gran variedad de animales ´recién cazados´ como un cisne, un jabalí, un venado y distintas especies de aves. Copia de una obra ejecutada en el taller del pintor flamenco Frans Snyders, este cuadro es un ejemplo espléndido dentro del género de los bodegones, por su gran despliegue de animales cuidadosamente ´colocados´ en el lienzo. 

    Eso sí, con tanto animal muerto, a varios comensales esta obra de gran formato les resultó repulsiva y además les quitó el apetito, por lo que solicitaron su retirada del comedor. La dirección de la universidad decidió acceder a su petición y fue llevado de vuelta al museo. 

    Bodegón de caza detalle
    Frans Snyders (Copia del estudio). Bodegón de caza (detalle), ca. 1621. Óleo sobre lienzo. Museo Fitzwilliam, Cambridge.

    El hecho de ser comprensivo y escuchar las opiniones de los estudiantes, tal y como hizo la dirección, me parece loable. Pero la cuestión importante es, hasta qué punto hay que serlo por nuestras propias convicciones y elecciones. ¿Se trata quizás de demasiada sensibilidad por parte de los estudiantes que no aceptan muestras de la diversidad alimentaria, actual o histórica, en su propio comedor? ¿O se trata de ser benevolentes con los distintos estilos de vida que estos puedan llevar?

    La decisión de descolgar el cuadro es una encarnación moderna de preocupaciones históricas alrededor de alimentación y medio ambiente.

    Según las curadoras de la exposición sobre alimentación de la que actualmente forma parte el cuadro, ´la decisión de descolgar el cuadro es una encarnación moderna de preocupaciones históricas alrededor de alimentación y medio ambiente.´

    Los debates sobre el veganismo, vegetarianismo y la sostenibilidad alimentaria, aunque no nuevos, están a la orden del día. En el caso de que no se hubiera retirado el cuadro en el comedor ¿automáticamente implicaría que no se respetan las elecciones veganas y vegetarianas? ¿Significaría un posicionamiento como carnívoro e incluso amante de la caza? Me gustaría pensar que no. 

    ¿No debería esta obra poder servir precisamente para generar y mantener el debate sobre la temática, aparte de poder disfrutarla como muestra artística de su época? Por suerte ahora se encuentra en la exposición organizada por el propio Museo Fitzwilliam, en la cual se presentan nuevas maneras de entender la historia y la cultura del comer y el cuadro por lo tanto puede seguir ejerciendo como objeto de discusión para sus visitantes.

    ¿Qué pasa con los productos en nuestros mercados, carnicerías y pescaderías?

    Entiendo que en un comedor, este tema puede ser más delicado que en un museo, al ser este primero el sitio donde uno se sienta a la mesa para ingerir sus alimentos, pero, ¿qué pasa con los productos en nuestros mercados, carnicerías y pescaderías? ¿Será necesario tapar los pollos, los pescados o las manitas de cerdo para que nadie se asuste ni le parezca repulsivo encontrárselos en los mostradores?

    Bodegón pollo supermercado Antonio Lara Luque
    Antonio Lara Luque. Bodegón con pollo muerto, 2017. Óleo en lino preparado sobre tabla.
    Antonio Lara Luque. El cristal, 2019. Óleo sobre lino

    En un supermercado esto no supondría un gran problema al estar toda la carne ya limpia y envasada en bandejas, incluso ya cortadita o fileteada. En esta presentación del producto, el propio animal ya está prácticamente irreconocible. No es de extrañar pues, que las ya tan habituales bandejas que compramos, se hayan convertido también en protagonistas de bodegones contemporáneos, como en estas geniales obras del pintor jerezano Antonio Lara Luque.

    ¿Debemos agradecer entonces a estos pocos estudiantes la retirada del cuadro, incentivada por su estilo de vida? Por mucho que un comedor a mí me parezca el lugar idóneo para este tipo de obras, me temo que sin esta petición, el cuadro no hubiese provocado este revuelo ni hubiese sido protagonista de debate. 

  • Gyotaku: el alma del pez en La Pecera

    En un par de metros cuadrados se esconden una técnica ancestral de pescadores japoneses, la inmensidad del mar y un gran talento para plasmar ideas.

    Con la misma determinación de un pescadero o de un camarero, el mercader de La Pecera desdobla su delantal y se lo ata a la cintura antes de atender a sus clientes. Pero no nos fileteará ningún pescado, ni nos tirará ninguna caña, sino que nos ofrecerá las obras que veremos en su particular puesto del mercado.

    GYO/collection

    Se trata de una decena de obras que han cubierto una pared de la galería La Pecera de la Cebada durante las primeras semanas de noviembre. Bajo el título de GYO/collection, fueron creadas por la artista visual y diseñadora Noelia Báscones Reina, para esta galería de arte en el Mercado de La Cebada.

    Los protagonistas son los pescados plasmados en estas sencillas, pero potentes obras. El propio pez impreso en tinta negra sobre papel es el que ha servido como plantilla, haciendo uso de la técnica de japonesa gyotaku. Frotándolos con tinta (no tóxica) se presionan contra papel de arroz, consiguiendo así una reproducción fiel del propio animal.

    Su reproducción sobre papel era justamente el propósito de estas impresiones, utilizada por pescadores japoneses para mostrar a sus compradores en la lonja la captura del día.

    Noelia Báscones Reina, Pez grande pez pequeño

    ¿Qué mejor sitio entonces para mostrar esta técnica hoy en día que en un mercado de abastos? ¿No nos gusta a todos que nos muestren el género antes de comprarlo? Justamente en el mercado es donde mejor podemos comprobar su calidad y frescura, dejándonos aconsejar por sus vendedores.

    Además de la belleza de los pescados retratados, lo que le da todavía más valor a esta exposición, en mi opinión, es que la artista no solamente se detiene en mostrarnos la técnica, sino que va más allá entrelazando varias capas en la obra, y no me refiero solamente a las capas de los distintos materiales que utiliza.

    Noelia Báscones Reina, Lapiz – tinta

    Muy sutilmente incluye trozos de cuerda sueltos a modo de red o fija varias raspas bajo una costura, para dejar caer temas importantes como la alarmante contaminación de los mares o la enorme cantidad de desperdicio de alimentos que generamos. También dirige los pescados hacia platos hechos con blondas de papel o los acompaña de cubiertos o palillos para suscitar reflexión sobre las dinámicas de consumo de nuestra sociedad. Incluso podemos interpretar el papel ondulado como el cierre metálico de una lonja o pescadería, por la cual el animal tiene que pasar antes de ser vendido, haciendo referencia a la trayectoria entre el mar y nuestra mesa.

    Noelia Báscones Reina, Espina I, Plato I, Cuca

    Ninguno de los materiales que utiliza o las palabras que escribe Noelia en las obras han sido elegidos al azar, sino que cada uno le aporta profundidad, haciendo de estos modernos bodegones excelentes capturas del día: irradian calidad y frescura, igual que los pescados de la lonja.

    Gracias a esta exposición en La Pecera, el mercado no ofrece solamente alimentación, sino que nos hace reflexionar sobre la procedencia del alimento, sobre cómo lo comemos y sobre el desperdicio que genera el propio producto o su captura y producción.

    Nos vamos de este particular puesto del mercado con ganas de más. Durante solo unas semanas, en esta pequeña pecera hemos podido ver la inmensidad del mar.

  • ¡Camarero, una de hormigas!

    Alguna vez te has puesto a pensar que los pequeños bichos como estos, que aparecen en muchos bodegones, podrían llegar a formar parte del menú?

    Ambrosius Bosschaert, Manzanas, peras, melocotones y nueces en plato de peltre, con fruta, una copa, un melón, avellanas y un saltamontes en una mesa de piedra (detalle). 1609-1645. Colección privada.

    Por lo general forman parte del atrezo para dar una imagen más realista de la botánica, para que el cuadro cobre vida. Un saltamontes por allí, un escarabajo o una hormiga por allá. También revolotean por los cuadros mariquitas, moscas y demás. Desde luego que ninguno de ellos le da un aire gastronómico al conjunto.

    Pero hay sitios en los que sí…

    Si habéis visto algún episodio del programa Chef´s Table, os habréis podido dar cuenta de la atracción innegable que desprende. En este programa saben contar historias, y lo hacen muy bien. Que sí, que también podrían mejorar muchas cosas, pero es darle a reproducir un capítulo y durante los minutos que dura, te quedas completamente absorto. Te cuentan el proceso creativo de los cocineros de manera fascinante, las iniciativas que han impulsado, por ejemplo a nivel social, o los obstáculos que han tenido que pasar para cumplir su sueño.

    En el episodio sobre Alex Atala, se junta todo esto. El que me recomendó fervientemente verlo, tenía razón. Me inspiró, me dio ideas, me pareció fantástico.
    No voy a entretenerme en resumirlo, los que podáis ya estáis tardando en ver el propio episodio (temporada 2, 2º episodio). La cuestión que me gustaría resaltar es que este cocinero le da mucha importancia a entender mejor nuestra relación con los alimentos y a cuestionar y valorar la alimentación local, aspectos que también defiende mediante la fundación que lleva su nombre. En su opinión, esto conlleva entre otras cosas, comer insectos. Hormigas amazónicas, por ejemplo, o harina de insectos. 

    Hormigas – Unsplash

    A mucha gente esto le sonará a locura, o repulsivo seguramente. El aspecto físico de los bichejos, nuestras costumbres y las asociaciones que tenemos hace que de primeras no digamos: Mmm, en un bocata me chiflan! Salvo algún que otro valiente, claro.

    Como decía, el aspecto físico tiene mucha culpa en esto. Las ostras seguramente no siempre hayan disfrutado de la misma fama gracias a su atractivo físico, tanto por el exterior como por el interior.

    Sin ir más lejos, yo misma, de niña no probaba el tomate, la morcilla ni el queso azul. El aspecto, el olor o el sabor me tiraban para atrás. La textura gelatinosa de las semillas del tomate, no me gustaba, y no lo comía. El ingrediente principal y el color de la morcilla me daban repelús, y no lo comía, claro. El olor y el aspecto feote del queso azul no me gustaban…. Efectivamente, no lo comía.

    Queso de Valdeón – Wikimedia Commons

    Tampoco me obligaba nadie a comerlos, comía de todo, y si dejaba pasar algún que otro alimento, tampoco pasaba nada. La gracia justamente era que no pasaba nada, algunas veces incluso me ´animaban´ a no comerlos, ya que así le tocaba más a los demás. Después de oírlo unas cuantas veces ya empezaba a mosquearme y poco a poco me animaba a probarlo. De hecho, como veía que gustaba tanto en mi casa, lo convertí casi en un reto para acostumbrarme, o incluso, conseguir que me encantase. No por imitar a los demás, sino porque realmente quería que me gustase. Ya os imagináis cómo acabó la cosa, no? Ahora me chifla el tomate, la morcilla y el queso. Parece que funcionó muy bien la táctica de no obligarme a comerlo…

    Que algo sea una exquisitez o no, es porque nos han dicho que lo es.

    Alex Atala

    No es para nada malo que te digan que algo está bueno, o que es exquisito, lo malo es que se consideren ´exquisitos´ solo unos pocos alimentos, habiendo tantos otros. Muchos productos exquisitos no nacen, se hacen… Alex Atala, entre otros, nos está diciendo que también los insectos pueden ser una exquisitez. O que habría que intentar incluirlos en nuestra alimentación por ser ricos en proteínas y micronutrientes, por resaltar algunos beneficios.

    Vendedora de insectos – Unsplash

    Pero hablemos ahora del aspecto, del físico. Nos interesa mucho el interior, pero seamos honestos, guapos, que se diga guapos, no son. Dan repelús y es fácil tener aversión a los insectos, pero realmente, a la hora de pensar si te lo zampas o no, en qué se diferencian los tentáculos de un calamar o un chipirón, de las patas de un grillo o de un saltamontes? En países latinoamericanos y asiáticos tienen más costumbre de consumirlos. En Brasil se llevan mucho las hormigas, en China escorpiones, en México grillos, y en Camboya tarántulas y escarabajos, por poner algunos ejemplos.

    En España, o Europa en general, no se estila mucho la verdad. ¿Por qué no estamos escuchando a los amantes de los insectos? ¿O no insisten mucho, como a mí con la morcilla y el queso azul? ¿Deberíamos imitar esta costumbre siendo un alimento necesario, más que ´gourmet´?

    Fede Galizia. Frutero de cristal con melocotones, jazmín, membrillos y un saltamontes. 1610. Colección privada.

    Yo para ir abriendo boca os voy dejando por aquí unos ejemplos artísticos, a ver si alguien se anima, yo incluida, claro.

    En siglos anteriores están pintados casi como atrezo, como una manera de darle vida a estas obras, en cambio en este siglo se está intentando convertir en un alimento más, y probablemente con razón.

    Rachel Ruysch, Bodegón con fruta e insectos (detalle), 1710. Ubicación desconocida. Wikimedia Commons